El club de los suspiros

La novela romántica no sólo es un éxito editorial, también un punto de encuentro para fanáticas

Lily Perozo está sentada detrás de un escritorio rectangular gris opaco en una sala del subsuelo de la Biblioteca Nacional, con su cuerpo caribeño exuberante, su tez morena y sus cejas tupidas, cuando los flashes de unos 150 celulares se disparan sobre ella y Yamila Bianqueri se pone a llorar.

Dos días antes aterrizó en Ezeiza desde su Venezuela natal y fue recibida por una decena de mujeres con carteles en alto. Palpitaban su llegada desde que había anunciado el viaje en uno de los grupos de Facebook creado en honor a sus novelas romántico-eróticas, Sras. Garnett (el apellido de los protagonistas, encarnados por musculosos modelos en sus tapas-objetos de deseo), al que pertenecen unas 14.000 mujeres que postean a razón de una frase, una foto, una cita cada diez minutos y en el que la temperatura suele estar varios grados por arriba de la media de la realidad política y social.

A la bienvenida eufórica, llena de abrazos, le siguieron el viaje al hotel del microcentro en el auto de una de sus lectoras y dos días de tes y cafés con firmas de libros, asados, cenas y hasta discotecas con varios grupos de ellas, que dejaron sus huellas frescas en las redes sociales. Aunque tiene miles de seguidoras en toda América latina y después de rechazar, dice, las ofertas de varias editoriales para no perder su esencia, sigue autopublicándose en Amazon. Como la aduana en la Argentina es restrictiva con el ingreso de libros, un grupo de lectoras consiguió una imprenta y se organizó a través de Facebook, con el aval de Lily, para imprimirlos y venderlos por su cuenta. Yamila Bianqueri, la chica de 25, flequillo rojizo y recto y un lunar justo a la derecha de su barbilla que llora frente a Lilly, gastó unos mil pesos en libros para venir armada a este evento llamado 3er Septiembre Romántico y Rioplatense, y hacérselos firmar.

Es encargada de un edificio, tiene dos hijos y lee a razón de dos novelas románticas por semana (ha llegado a devorarse alguna en una noche). Viajó desde Mar del Plata no sólo para ver a una de sus autoras favoritas, también es una oportunidad de conocer a Débora Roldán, de 27, y a Julieta Arce, de 25, otras dos fanáticas de esta tribu que se transformaron desde hace dos años, junto a otras siete que no pudieron llegar, en un sostén cotidiano.

"Me levanto y apenas apago el despertador agarro el teléfono. Desde las 6.30 hay alguien lista para chatear", dice Yamila. Se hicieron amigas "gracias a Cincuenta Sombras de Grey", más precisamente en un grupo de Facebook de lectoras de la novela de E. L. James que derivó en otro de WhatsApp y que bautizaron Chicas Grey. "Lo que nos unió es que todas tenemos una vida particular y estamos ahí para escucharnos, contenernos y ayudarnos". Particular es, en este caso, padres o maridos que las han abandonado, problemas de adicciones, alguna enfermedad. No sólo están ahí para contenerse. Estas diez Chicas Grey –como sucede con muchas otras constelaciones que se van formando en el microcosmos de Romántica– son caras conocidas en las librerías de los rincones del país en los que viven porque piden, insisten y acechan las novelas de Florencia Bonelli, Florencia Canale, María Laura Gambero, Mimi Romanz, Cristina Bajo, Emma Sheridan o Mariel Ruggeri, entre muchas otras, hasta conseguirlas. Y si esto no sucediera, y si tampoco estuviera disponible en versión digital, son (han sido) capaces de escanear página por página todo el libro para que la otra no se quede con las ganas. "Una por las amigas hace cualquier cosa", dicen. A veces leen la misma novela al mismo tiempo y la van comentando.

Pero este sábado, en la sala Augusto Cortázar de la Biblioteca Nacional, abarrotado de unas 147 mujeres y tres hombres (un novio, un padre y un colega de editorial), la ansiedad corre en Fórmula 1. Es un encuentro lejos del mainstream de las editoriales dominantes; está convocado por ocho autoras, la mayoría autopublicadas, con María Border (Siete motivos para no quererte, Amazon) a la cabeza. Y sobre todo es el momento de encuentro de muchas de estas mujeres que devoran libros rosas a un promedio de un par por semana y que, como Yamila, Débora, Julieta, se vienen contactando virtualmente entre ellas y con las autoras, pero que no se conocen personalmente. Por eso se abrazan, se aprietan las manos sudadas, se sacan fotos con sus celulares que horas más tarde formarán parte de la arenga virtual de la comunidad. Son lectoras fieles hasta el paroxismo y muchas de ellas escriben y están a una baldosa de autopublicarse, cuentan, o garabatean historias en la intimidad mientras se sueñan escritoras.

"Se trata de un público muy particular, que sigue a las autoras en las redes sociales, interactúa con ellas, va a verlas siempre que surge la posibilidad (ferias del libro, presentaciones, encuentros más íntimos, firmas en librerías). Es un público fiel, incansable y a la vez exigente, que expresa elogios y objeciones por igual. Un público capaz de trasladarse kilómetros para ver a su autora favorita y que espera la salida de cada nuevo libro. Son auténticas fans", dice Mercedes Güiraldes, editora de Planeta. Ezequiel Leder Kremer, de librería Hernández y vicedirector de la Cámara Argentina de Librerías, opina que el género ha mutado de la tradicional novela rosa a una literatura más explícita y realista, y que los lectores son un público particularmente fiel. Desde hace tres años existe un Festival de Novela Romántica, que en 2015 se hizo en Córdoba y del que participaron unas cuatro mil personas. Pablo Avelluto, ex director editorial de Random House Mondadori y actual ministro de Cultura de la Nación, "no hay comunidades de lectores tan activos, con excepción de la de los jóvenes, pero la diferencia es que en esta última el rango de edad es de dos o tres años, mientras que las lectoras de novelas romántica tienen de veinte en adelante".

Es frecuente que las administradoras de los grupos de Facebook, de blogs, de clubes de lectura inviten a las autoras y a algunas lectoras a un té para conversar mano a mano. La mayoría, aun las más conocidas –con excepción de la megaestrella Florencia Bonelli, que hasta tiene que entrar camuflada a la Feria del Libro– acceden encantadas. "Es un espacio de encuentro muy importante para nosotras. Muchas somos mujeres grandes, lectoras de toda la vida, a las que nos encanta hablar de libros y que nos pusimos en contacto buscando al semejante en este aspecto", sostiene Rosana Grigioni, organizadora de un grupo de lectura en La Plata, adicta a la lectura.

En la Feria del Libro de 2011, Y porá, una novela histórico-romántica de Gloria Casañas, arrasó con el Premio del Lector votado por Internet entre veinte novelas de autores argentinos seleccionados. Compitió con Hebe Uhart, Edgardo Cozarinsky, César Aira y Guillermo Martínez, entre otros. Editores más tradicionales y libreros que consideran esta literatura de menor calidad rumiaban su indignación. La comunidad romántica se había organizado para colocar a este libro al tope del ranking. Internet es el agua en el que nadan como peces; la aguerrida militancia puede verificarse con cada premio (como el Sogni de Novela Romántica) que convocan las mismas lectoras. Sólo por citar dos ejemplos, el grupo de Facebook Divinas lectoras llega a los 22 mil miembros, mientras que en Adictas Latinas de Lectura Erótica son 19.000.

En ese mar de participación y alboroto que es Internet, muchas autoras nóveles sueñan con ser descubiertas, como le sucedió a Gloria Casañas: cuando en 2008 Penguin Random House Argentina olfateó el éxito de ventas del género y salió a buscar nuevas autoras, el grupo de Facebook Gauchas románticas en el que participaba hizo de celestino.

¿Cómo se define una novela romántica? "Es un relato en el que la historia está organizada en función de la historia de amor de los personajes", dice Wikipedia. Güiraldes amplía: "Engloba libros diversos, que tienen en común básicamente tres cosas: que están escritos por mujeres, que el conflicto amoroso está en el centro de la trama y que convocan a un público lector eminentemente –aunque no exclusivamente– femenino". Muchas de ellas son sagas. Dentro del género hay algunos subgéneros: lo paranormal o sobrenatural (Sherrilyn Kenyon), lo histórico (Viviana Rivero, Florencia Canale, María Dueñas, Estela Escudero), lo erótico (Megan Maxwell, Jodi Ellen Malpas), romántica pura (Ana María Bovo, Gabriela Exilart) con reminiscencias de lo mejor del culebrón, entre otros. "La protagonista suele ser una mujer que no entra en el estereotipo de sexo débil, sino al contrario: son mujeres fuertes, dueñas de sus decisiones, que se permiten experimentar el placer sin culpas", agrega la editora. En general las historias son corales, contadas desde el punto de vista de distintos personajes, y estos suelen aparecer e incluso protagonizar otros libros posteriores. Las autoras son prolíficas, lo que alimenta la industria romántica y potencia la voracidad de las lectoras. Desde hace años la novela romántica es el género más consumido de libros digitales en los Estados Unidos.

La Cámara Argentina de Librerías no tiene números de facturación por género. Pero desde Penguin Random House aseguran que Florencia Bonelli lleva vendidos dos millones de libros (en un contexto en el que la tirada promedio es de tres mil ejemplares y un best seller, 100 mil) y desde Planeta, que María Dueñas vendió un millón y Viviana Rivero orilla los 500 mil. Y aclaran que no son libros coyunturales, sino que se siguen vendiendo o incluso se revalorizan con el tiempo. Para Avelluto, "es uno de los géneros que más vivo mantiene el negocio".

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Rocío Celeste Gómez (29), empleada de marketing de una compañía de seguros, es fanática de las novela romanticoeróticas y devora unas 60 al año, en papel y digital. Interactúa todo el tiempo con las autoras a través de Facebook: les cuenta lo que opina de sus libros, les pregunta sobre algunas escenas, les sugiere finales posibles. Se hizo un montón de nuevas amigas en los grupos de novela romántica. Débora Luzige (32) es diseñadora y escritora, tiene una novela publicada en Amazon llamada Fuego oculto, y adora las escenas de sexo ("en este género la cámara no enfoca los cuadros de la pared; sigue apuntando a la cama"). Es fan de todas las reuniones del género ("reuniones de brujas"), que hoy son uno de sus lugares de pertenencia. Nanu Gaona lee uno o dos libros por semana, sigue en Facebook a sus autoras favoritas, hace campañas para promocionar cuando sacan un nuevo libro, corre a comprarlo y se encuentra con sus amigas de esta tribu en la presentación. Todas se iniciaron en la lectura del género y sus variantes con 50 Sombras de Grey. En cambio, el debut de María Gómez García, secretaria, fue hace cuatro años, cuando tenía 58, con Megan Maxwell. Entonces la invitaron a formar parte en Facebook de las guerreras Maxwell, y terminó yendo a recibir a la autora a Ezeiza, cuando visitó Buenos Aires. Lee entre tres y cinco libros al mes, dice que se ha hecho amigas de las buenas y que este mundo tiene en su vida un lugar privilegiado.

En este género, las lectoras suelen opinar a raudales en las redes sociales sobre las tramas de los próximos libros e incluso obsesionarse con algún detalle como perro de presa. Florencia Cambariere, editora del género en Penguin Random House, cuenta que el club de lectoras más fanáticas compra los libros el mismo día de su llegada a la librería y los lee de un tirón, por eso en las presentaciones son material viejo. Y recuerda risueña el día en que una lectora se obsesionó con la muerte del caballo de Francisco Peña y Balcarce (el héroe de La maestra de la laguna) e increpó a la autora consternada por su suerte, preocupada por las circunstancias que habían rodeado el deceso, indagando incluso más allá de lo que Casañas había imaginado.

Gracias al comentario de una lectora en un café porteño, Lily Perozo, la estrella venezolana del Septiembre Romántico y Rioplatense, ya tiene la trama de su próxima novela. En unos días volverá a su casa, a su trabajo de oficina después de esta gira pagada de su bolsillo por el país y por Chile, a escribir su nueva novela.

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Anocheció en Buenos Aires y los empleados de la Biblioteca Nacional esperan impacientes para cerrar las puertas. Las mujeres recogen señaladores, prendedores, pines, corazones artesanales de goma eva y brillantina, imanes con agradecimiento de las autoras –y las tapas de sus libros– y hasta una regla con la frase célebre de un personaje impresa: La vida es fácil pero tú me la pones dura. D. Avilés. Muchas de ellas parten, junto a las autoras, a seguir celebrando a un restaurante de Recoleta con cubierto fijo, que lograron reservar.

Mañana, o tal vez esa misma madrugada, las huellas digitales de ese encuentro de brujas quedarán on line. Y la arenga de la comunidad seguirá bailando al ritmo del próximo libro, al compás de su historia de amor, hasta el próximo encuentro.

ES TODO RISAS

Casi 150 mujeres reunidas en la Biblioteca Nacional para el encuentro de novela romántica a la espera de sus escritoras favoritas

VIDA VIRTUAL

Todo se fogonea desde los grupos de Facebooks, los blogs y los clubes de lectura, donde las fanáticas logran hacer contacto con las autoras

ÍDOLAS

Arriba, la disertación de la autora Mariel Ruggieri; abajo, ejemplares del género y una selfie con la venezolana Lily Perozo, otra best seller

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